El
ALCA intenta consolidar el modelo dependiente y empobrecedor para A.L.
Servicio de Prensa Alternativa, SERPAL
El ALCA, es el Area de Libre Comercio de las Américas, bajo cuyo inocente
nombre, se desarrolla un proyecto estratégico de recolonización y absorción
de América Latina y el Caribe. La idea nació en junio de 1990 bajo la presidencia
de George Bush padre. Se presentó como la propuesta para crear una zona
de libre comercio que fuera desde Alaska hasta Tierra del Fuego. En ese
momento se presentó con tres objetivos: aumentar el comercio en el hemisferio,
incrementar las inversiones norteamericanas al sur del Río Grande y reducir
la deuda externa latinoamericana. Los países debían cumplir dos condiciones
para acceder a las negociaciones: el compromiso de liberación del comercio
de América Latina y la reforma del Estado. En la Cumbre de las Américas
que convoca el presidente Clinton en diciembre 1994, consigue el compromiso
de 34 presidentes de países del continente) para iniciar las negociaciones.
No estaba Fidel Castro, ya que Cuba obviamente no participa de este proyecto
de anexión. Se fija un calendario de reuniones de presidentes, de cancilleres
y de comisiones de trabajo. Queda por delante que el primero de noviembre
próximo Brasil y Estados Unidos asuman presidencia conjunta del ALCA hasta
el 31 de diciembre de 2004. En enero del 2005 deberían estar concluidas
todas las negociaciones y firmados los acuerdos, para ser elevados a ratificación
de los parlamentos de los países involucrados. Finalmente, en diciembre
del 2005, los acuerdos deberían estar ratificados por los Parlamentos para
que -como límite- el último día de ese año el ALCA comience a funcionar.
El gobierno de Bush mete prisa
El gobierno norteamericano ha intentado acelerar los plazos, y pretendía
que fuera el año 2003 el de vigencia plena del ALCA. Encontró la resistencia
de Brasil, cuyo gobierno desea tener una posición estratégica más favorable
en el continente antes de su aprobación definitiva. Las razones de la premura
del gobierno Bush son los apetitos estratégicos del dominio norteamericano
sobre la región, en su pugna con otros centros de poder económico y las
debilidades de casi todos los gobiernos latinoamericanos que muestran subordinación
y fidelidad a los dictados de Washington. EE.UU. está a las puertas de la
crisis económica de mayor potencial destructivo de la posguerra y quiere
tener un alivio comercial con preferencia a su capital transnacional. En
Estados Unidos caen el PIB y la producción industrial, aumentan el desempleo,
el déficit externo y el pánico; se suman los escándalos por fraudes contables
en algunas de las mega- empresas producto de fusiones de los años 90. La
última bancarrota, la de WorldCom, es la mayor quiebra empresarial de la
historia de los Estados Unidos. El propio presidente Bush aparece salpicado
por algunos de los escándalos -como el de la ENRON, y muchos ciudadanos
norteamericanos cree que miente cuando se refiere a su gestión al frente
de la compañía petrolera Harken Energy. El vicepresidente Dick Cheney habría
tolerado el "maquillaje contable" de la petrolera Halliburton mientras estuvo
al frente de la empresa. Ahora la sensación de vulnerabilidad en la población
norteamericana influye en toda su vida social y en la economía. En ello
colaboran las casi diarias alarmas de los más altos funcionarios del gobierno
norteamericano sobre eventuales catástrofes provocadas por el "terrorismo
internacional".
La estrategia de la neocolonización
Ese clima interno y mundial le ha permitido expandir su estrategia de intervención
y control militar en áreas de su interés en todo el planeta. En territorio
latinoamericano aceleró su intervención en Colombia, la utilización de la
base ecuatoriana de Manta sobre el Pacífico y eventualmente sobre el resto
de la zona Andina. Estas cuestiones son parte de un todo que incluye transformar
al resto de América en el "patio trasero" de Estados Unidos en términos
económicos y sociales. Por eso tratan de convertir el espacio regional con
el ALCA en coto exclusivo del capital norteamericano, eliminados los de
origen europeo y asiático, para explotar fuerza de trabajo barata, apoderarse
de lo que resta por privatizar y volcar sobre mercados desprotegidos mercancías
y servicios que destruirían lo poco que queda de los endebles sistemas de
la región. Si los pueblos latinoamericanos no lo impiden, el ALCA se constituiría
así, a fines del 2005 en la culminación de un proceso de subordinación y
anexión de los países del continente a los Estados Unidos. Para los 224
millones de pobres y 90 millones de indigentes latinoamericanos y caribeños
representaría más de la misma política que los empobreció, por lo cual derrotar
al ALCA y crear simultáneamente la alternativa popular, solidaria y antimperialista
al modelo neoliberal es el gran reto que encara la región.
¿Quiénes, cuántos saben que es el ALCA y como incidirá en sus vidas y
en su futuro ?
Los pueblos del continente, salvo sus sectores sociales más activos y comprometidos
en la defensa de su soberanía y autodeterminación, están al margen de los
planes que han incubado sus gobernantes, cómplices de la voluntad imperial
norteamericana. La sociedad civil no participa de las complejas tratativas
del ALCA, de las cuales dependerán tantas cosas de su futuro. Estados Unidos
se ha negado a la transparencia y a la participación de los directos interesados.
Ellos prefieren negociar entre bastidores con gobernantes dóciles. Y estos
servilmente siguen adelante sin explicar a sus pueblos y menos aún, consultarlos.
Gran parte de la población latinoamericana es analfabeta, o semi analfabeta,
millones carecen de acceso a medios de comunicación con algún grado de independencia.
La disponibilidad de Internet es mínima. Sus gobiernos utilizan los canales
oficiales para la prédica partidaria, para ocultar, para engañar, nunca
para informar lo que realmente sucede. En ello colabora un entramado de
medios de comunicación privados, cada vez concentrado en menos manos, que
responde a los intereses de los grandes capitales. Un entramado al servicio
de la estrategia imperial, como quedó en evidencia en la complicidad de
los principales medios de comunicación venezolanos en los planes golpistas
para derrocar al incómodo presidente Chávez, que más allá de lo que pueda
resultar su gobierno, pretende mantener un criterio independiente y cuenta
con el respaldo de los desposeídos de su país.
Difusión, apoyo y solidaridad
Por eso es urgente redoblar todos los esfuerzos por difundir lo que están
negociando los presidentes a espaldas de sus pueblos, en cumbres y reuniones
de fotos y sonrisas, mientras los amanueses redactan los acuerdos que condenarían
a los pueblos del continente a ser mano de obra barata, factoría de materias
primas, a formar parte de países virtuales, porque más que nunca habrían
enajenado su soberanía y su porvenir independiente. Es imprescindible dar
apoyo a los movimientos y organizaciones sociales que luchan contra estos
planes que pretenden formalizar y consolidar la dependencia y el empobrecimiento
de los países latinoamericanos. Hay que utilizar todas las formas de solidaridad
para que los pueblos hermanos puedan rechazar estas imposiciones y construir
sus propias alternativas en el ejercicio de su soberanía y autodeterminación.